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COP27: Es el momento de que África lidere

7 de noviembre de 2022

Publicado originalmente en African Arguments

Los líderes mundiales se reúnen en Sharm el-Sheikh para la COP27 en un momento histórico especial, en el que un mundo que se recupera de los devastadores efectos de la pandemia del Covid-19 se ve azotado por crisis en todos los frentes: una posible recesión económica mundial; la lucha de Europa por la energía; los fenómenos meteorológicos extremos en África, Asia y Norteamérica; la hambruna en el cuerno de África. Todo apunta a un mundo en crisis. ¿Esta inestabilidad mundial frenará la voluntad de una acción climática eficaz en la conferencia mundial anual sobre el clima?

A medida que las interdependencias de estas cuestiones se hacen patentes, veo una oportunidad para que África se haga cargo de su futuro energético y climático y establezca sus propias prioridades desde una posición de liderazgo. Los recientes acontecimientos mundiales ofrecen importantes lecciones que podrían permitir un reajuste crítico que sitúe a África en un camino realista y eficaz hacia la acción climática.

He aquí cuatro importantes lecciones que los líderes africanos deberían tener en cuenta de cara a las conversaciones sobre el clima.

África debe tomar las riendas de su futuro climático y energético

La financiación del clima es siempre un tema importante en la COP. Se basa en la idea de que los países más ricos, que tienen la responsabilidad histórica del cambio climático, pongan a disposición de los países en desarrollo una financiación segura para mitigar el cambio climático y adaptarse a él. Este año, las pérdidas y los daños, un tema históricamente olvidado, probablemente ocuparán un lugar destacado en las conversaciones sobre financiación.

Hasta la fecha, los países desarrollados no han cumplido sus promesas climáticas. Los 100.000 millones de dólares anuales prometidos por los países desarrollados en la COP15 de 2009 no se han cumplido ni se han ajustado para reflejar la reciente evolución económica y climática. A pesar de la importancia de este tema en la COP26 de Glasgow, los avances han sido lentos. No hay indicios de que esto vaya a cambiar significativamente en Sharm el-Sheikh, sino todo lo contrario. Hemos visto cómo los países desarrollados reducen la ayuda exterior en un momento en que la pobreza aumenta en África y en el resto del mundo en desarrollo.

Las negociaciones para la financiación del clima deben continuar en la COP27. Sin embargo, con los impactos climáticos que ya se están experimentando en toda África, el continente no puede seguir esperando a que la salvación venga de los países desarrollados. Ha llegado el momento de que los líderes africanos reconozcan la enormidad del desafío y sus impactos económicos a largo plazo, y afronten la realidad de que pueden cargar con este peso en solitario.

El acceso a la energía, el desarrollo económico y el cambio climático deben abordarse conjuntamente

La respuesta de Europa a sus crisis energéticas ofrece importantes lecciones. De oponerse a la financiación de los combustibles fósiles en los países en vías de desarrollo hace apenas un año, ahora Europa está buscando esos mismos recursos en África mientras se esfuerza por satisfacer sus necesidades energéticas. Este doble rasero demuestra que la acción climática es una empresa mucho más compleja que la sustitución de fuentes de energía de altas emisiones por otras más limpias. Más bien, se inscribe en un complejo contexto de seguridad energética, geopolítica y -en lugares como África- de pobreza energética y subdesarrollo.

En África, la acción climática debe equilibrarse con la necesidad de proporcionar acceso a la energía moderna para la electrificación, las aplicaciones industriales y el transporte a escalas que puedan permitir un desarrollo significativo para los africanos, especialmente porque la región prevé un importante crecimiento de la población para mediados de siglo. Con una mano de obra joven y una creciente demanda de bienes de consumo, el continente tiene un enorme potencial para acelerar la producción y crear riqueza. El acceso a una electricidad abundante, fiable y asequible, así como a combustibles de bajas emisiones, será esencial para este proceso. En toda África se necesitan estructuras de mercado energéticas innovadoras, redes eléctricas sólidas y servicios públicos que funcionen bien para que los países se sitúen en vías de transformación que se ajusten a sus singulares dotaciones de recursos.

El desarrollo económico es la palanca más importante para la adaptación y mitigación del clima en África

Es innegable que los países más ricos están mejor posicionados para mitigar y adaptarse a los impactos del cambio climático. Con una gran dependencia de los recursos naturales y una capacidad limitada para responder a los desastres, los países africanos son desproporcionadamente vulnerables. En 2030, el 90% de los pobres del mundo podrían estar en África. Sacar a los países africanos de la pobreza es la primera línea de defensa para adaptarse a un clima cambiante.

Los requisitos tecnológicos de un futuro sin carbono requerirán importantes inversiones. Los análisis de la AIE, el IPCC y otras organizaciones de investigación señalan que necesitaremos tecnologías avanzadas como la captura y el almacenamiento de carbono, el hidrógeno y la energía nuclear avanzada, además de las fuentes de energía renovables convencionales para descarbonizar nuestro sistema energético mundial. Para que los países africanos den prioridad a la adopción de estas tecnologías y localicen su aplicación a través de la investigación y la innovación, necesitarán la infraestructura y la capacidad financiera para hacerlo. Esto sólo será posible si las economías africanas prosperan.

Cultivar el conocimiento y las soluciones locales como motores clave del éxito

Cuando se trata de la transición energética y el cambio climático, el contexto es importante. No hay una solución única para todos. Entender la compleja interacción entre tecnología, economía, política, desarrollo, cultura y sociedad en la transformación de los sistemas energéticos requiere una sofisticada comprensión del contexto local. Un próximo informe de Clean Air Task Force sobre la modelización y la investigación de las transiciones energéticas en África concluye que el liderazgo intelectual sobre las transiciones energéticas en África está dirigido en gran medida por expertos no africanos. Esto debe cambiar. Es hora de que los líderes africanos den prioridad a la inversión en el desarrollo de conocimientos locales que puedan informar y dar forma a enfoques pragmáticos y basados en la realidad para la transformación energética en África.

Es hora de centrar las necesidades del mundo en desarrollo en el debate global sobre el clima. La COP27 de Sharm el-Sheikh ofrece una plataforma prometedora para que los líderes africanos hagan valer estas prioridades en la escena mundial y nos conduzcan hacia un futuro más brillante. 

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